lunes, 4 de abril de 2016

Libre para soñar

"Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, Seremos como los que sueñan." Salmos 126:1

¿Cuándo fue la última vez que soñaste? No me refiero a vagas fantasías, a pensamientos de grandeza y de triunfo sobre el ¿qué si..? pero que no pasan de tu almohada a las 10:00 pm en tu habitación. ¿Cuándo fue la última vez que doblaste las mangas de tu camisa y dijiste "me juego el todo por el todo" por un sueño que hacía presión en tu corazón? Cuando en contra de todos y de todo supiste que podías lograr algo que viste en tu mente si te esforzabas lo suficiente y trabajabas por ello. ¿Alguna vez le has creído a Dios por algo que anhelas llegar a hacer? No hablo de una casa o un carro. Hablo de lo primero que llega a tu mente cuando te preguntas: "¿qué haría en este momento si supiera que no voy a fracasar?" (Una vez hice esa pregunta y el resultado fue una boda y un hijo). Pero hoy hablo de los talentos y las habilidades que Dios ha puesto en ti y se han mantenido sepultadas en lo más hondo de tu corazón, cubiertas de telas de araña llamadas inseguridades, temores y prejuicios.

Yo tengo algo que decirte hoy. Algo que Dios puso ayer en mi corazón para compartir contigo: ¡La cautividad te mata los sueños!

Si las respuestas a mis preguntas anteriores han sido: "hace muchos años de eso", quiero que sepas que hay cautividad en tu corazón. Cuando el pueblo de Judá fue llevado cautivo a Babilonia, dice el libro de 2da de Reyes que su rey fue llevado delante de Nabucodonosor. Sus hijos fueron asesinados delante de él, y al rey le sacaron los ojos y lo ataron con cadenas. La cautividad llegó a tal punto en el pueblo de Judá que su rey no podía ver, sus ojos habían sido sacados y sus manos con cadenas no podían poner nada por obra. El pueblo dejó de soñar.

Yo sé que hay cadenas de cautividad en tus manos. Ya no sueñas, solamente fantaseas. Solamente piensas en qué habría sido de ti si hubieras tenido valor hace tantos años. Piensas que eres demasiado joven para que te tomen en serio, o que ya estás muy viejo para emprender cualquier cosa. Los sueños ya no llenan tu corazón porque no tienes ojos para verlos. Estás cautivo, hay miedo encadenando tus manos, hay religión sacando tus ojos. Pero no tiene que ser así. El perdón y el arrepentimiento liberan tu corazón. No puedes soñar si estás lejos del Dios que da los sueños, no puedes esforzarte sin fe porque es como construir sobre la arena. No puedes ser libre si aun piensas que Dios te va a quemar la casa si no diezmas (aclaro, creo en el diezmo pero sé que he sido libre de la maldición de la ley). El miedo y la religión van de la mano. Te esclavizan, te vuelven crítico y juez y endurecen tu corazón. Y lo peor de todo es que te creas una falsa imagen de Dios que te lleva a cometer error tras error. Eso no es libertad.

Yo soy soñadora por naturaleza, o tal vez he sido muy fantaseosa toda mi vida, y eso es parte de mi personalidad. Me facilita la imaginación tremendamente y me ayuda a desarrollar mis talentos. Pero el miedo a realizar cosas nuevas y retadoras me ha tenido limitada y atada de manos durante mucho tiempo. Gracias a Dios que hoy puedo decir que he sido libre de muchísimas cadenas que me ataban. Hoy puedo decir que cuando tomé la decisión de no seguir siendo la mujer que era, Dios puso ojos nuevos en mí y me devolvió la vista para ver hechos realidad los muchos sueños que Él me daba.

El día en que permitas que Dios te haga libre de la cautividad en que vives, vas a ver como los sueños empiezan a revivir en ti, y cosas que no sabías que estaban ocultas en lo profundo de tu corazón comienzan a despertarse. Probablemente digas "yo soy cristiana o cristiano de toda mi vida, yo no vivo en cautividad" pero si sigues siendo la misma persona desde hace 10 años, si estás exactamente en el mismo lugar donde comenzaste, si no ha pasado nada contigo desde hace ya muchísimo tiempo, debes saber que vives en cautividad, eres prisionero de ideas, prejuicios y temores que te frenan y te estancan. Nadie, absolutamente nadie que sueña vive estancado, porque los sueños te llevan siempre a cosas nuevas, a cosas mayores.

Es una decisión, es tu decisión. Yo ahora sueño, y sueño en grande... muy GRANDE!!! Y mi  boca se ha llenado de risa, y mi lengua de alabanza, y sé que a causa de esto muchos dirán: "grandes cosas ha hecho el Señor".

viernes, 11 de marzo de 2016

El gozo de Su presencia

"Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre." Salmos 16:11

¡Que cansado es cuando andamos buscando algo específico que necesitamos y no lo conseguimos en ningún sitio! Yo me he pasado el día entero de tienda en tienda... no, perdón, MI MAMÁ me ha hecho pasar el día entero de tienda en tienda buscando un par de zapatos específicos que necesita pero no consigue. -Que son muy altos, -Que me quedan muy flojos. -No me gusta como se ven en mis pies... Para comprar algo con mi mamá se requieren no menos de 4 horas y entrenamiento previo.

Buscar algo en el lugar equivocado no provoca más que frustración, decepción, enojo y resignación. Llega el momento en el que, o nos conformamos con lo que hay disponible, o nos rendimos ante el fracaso y la necesidad no satisfecha, retirándonos vencidos y cansados.  Y esto se da en cada ámbito de nuestras vidas: una relación insulsa, un trabajo mediocre, un sueño enterrado.

Sin embargo, la última vez que fui a comprar zapatos con mi mamá pasó algo interesante.  No me libré de las 4 horas de búsqueda, dolor de piernas y espalda, pero como último recurso recordé una tienda que visité una vez y que tenía un estilo muy parecido al que ella usualmente busca. El viaje fue mas largo pero más grande fue la satisfacción de encontrar lo que andábamos buscando. Cuando salimos mi mamá me dijo: "¡me trajo al lugar exacto!".

Por supuesto nosotros no andamos por la vida buscando zapatos (con sus serias excepciones).  La búsqueda eterna del ser humano es la Felicidad. Todos buscamos ser felices, queremos ser felices, y el error que cometemos es buscar esa felicidad en lugares donde no la hay. Confundimos la alegría momentánea que nos producen las influencias externas (trabajo, familia, bienes materiales) con la felicidad eterna, permanente y constante que solamente Dios nos puede dar.

¿Y cuál es la diferencia? Que la alegría es temporal y nos esclaviza a las circunstancias. Si mi esposo me trata bien estoy contenta, pero en el momento que tengamos problemas pues al carajo la alegría y me vuelvo triste y amargada. Mientras tenga un trabajo con un buen sueldo me siento plena, pero en el momento en que sube la gasolina me doy cuenta que el salario ya no me alcanza y hasta ahí me llegó la plenitud. Cuando nuestro gozo depende de lo que nos sucede, nos esclavizan el mundo y su sistema.

Ahora, la felicidad es diferente porque no es natural. El gozo es un estado espiritual que proviene única y exclusivamente de la presencia del Padre. El gozo se produce, se crea en Su presencia y cuando aprendemos a vivir en ella, cuando anhelamos permanecer allí y que su presencia, como lo pidió Moisés, vaya con nosotros en todo tiempo, es cuando logramos la plenitud de la felicidad.

Esto no significa que se acabaron los problemas y nunca más vamos a llorar ni a enojarnos.  Esto significa que en los momentos difíciles, en los momentos de prueba, de dolor, de angustia, el gozo que ya es un estilo de vida en nosotros por vivir en su presencia, se va a volver nuestra fuerza. Como lo dijo Nehemías, nuestra fortaleza la obtenemos del gozo de nuestro Señor, y ese gozo es nuestro cuando habitamos delante de Su presencia.

¿Y sabes qué es lo más bello de todo? Que por medio de la sangre de nuestro precioso Jesús, tenemos libre acceso a esa presencia. Que el velo fue rasgado por Su sacrificio y ahora podemos venir confiadamente delante de la presencia de nuestro Señor. Ese gozo está al alcance de una oración y solamente necesitamos fe.

Como lo hablaba mi pastor esta semana, deja ya de quemar incienso y atrévete a dar el paso. Pídele al Espíritu Santo que te tome de la mano y te lleve ante la presencia de nuestro Señor, que en ella hallarás delicias para siempre.