lunes, 4 de abril de 2016

Libre para soñar

"Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, Seremos como los que sueñan." Salmos 126:1

¿Cuándo fue la última vez que soñaste? No me refiero a vagas fantasías, a pensamientos de grandeza y de triunfo sobre el ¿qué si..? pero que no pasan de tu almohada a las 10:00 pm en tu habitación. ¿Cuándo fue la última vez que doblaste las mangas de tu camisa y dijiste "me juego el todo por el todo" por un sueño que hacía presión en tu corazón? Cuando en contra de todos y de todo supiste que podías lograr algo que viste en tu mente si te esforzabas lo suficiente y trabajabas por ello. ¿Alguna vez le has creído a Dios por algo que anhelas llegar a hacer? No hablo de una casa o un carro. Hablo de lo primero que llega a tu mente cuando te preguntas: "¿qué haría en este momento si supiera que no voy a fracasar?" (Una vez hice esa pregunta y el resultado fue una boda y un hijo). Pero hoy hablo de los talentos y las habilidades que Dios ha puesto en ti y se han mantenido sepultadas en lo más hondo de tu corazón, cubiertas de telas de araña llamadas inseguridades, temores y prejuicios.

Yo tengo algo que decirte hoy. Algo que Dios puso ayer en mi corazón para compartir contigo: ¡La cautividad te mata los sueños!

Si las respuestas a mis preguntas anteriores han sido: "hace muchos años de eso", quiero que sepas que hay cautividad en tu corazón. Cuando el pueblo de Judá fue llevado cautivo a Babilonia, dice el libro de 2da de Reyes que su rey fue llevado delante de Nabucodonosor. Sus hijos fueron asesinados delante de él, y al rey le sacaron los ojos y lo ataron con cadenas. La cautividad llegó a tal punto en el pueblo de Judá que su rey no podía ver, sus ojos habían sido sacados y sus manos con cadenas no podían poner nada por obra. El pueblo dejó de soñar.

Yo sé que hay cadenas de cautividad en tus manos. Ya no sueñas, solamente fantaseas. Solamente piensas en qué habría sido de ti si hubieras tenido valor hace tantos años. Piensas que eres demasiado joven para que te tomen en serio, o que ya estás muy viejo para emprender cualquier cosa. Los sueños ya no llenan tu corazón porque no tienes ojos para verlos. Estás cautivo, hay miedo encadenando tus manos, hay religión sacando tus ojos. Pero no tiene que ser así. El perdón y el arrepentimiento liberan tu corazón. No puedes soñar si estás lejos del Dios que da los sueños, no puedes esforzarte sin fe porque es como construir sobre la arena. No puedes ser libre si aun piensas que Dios te va a quemar la casa si no diezmas (aclaro, creo en el diezmo pero sé que he sido libre de la maldición de la ley). El miedo y la religión van de la mano. Te esclavizan, te vuelven crítico y juez y endurecen tu corazón. Y lo peor de todo es que te creas una falsa imagen de Dios que te lleva a cometer error tras error. Eso no es libertad.

Yo soy soñadora por naturaleza, o tal vez he sido muy fantaseosa toda mi vida, y eso es parte de mi personalidad. Me facilita la imaginación tremendamente y me ayuda a desarrollar mis talentos. Pero el miedo a realizar cosas nuevas y retadoras me ha tenido limitada y atada de manos durante mucho tiempo. Gracias a Dios que hoy puedo decir que he sido libre de muchísimas cadenas que me ataban. Hoy puedo decir que cuando tomé la decisión de no seguir siendo la mujer que era, Dios puso ojos nuevos en mí y me devolvió la vista para ver hechos realidad los muchos sueños que Él me daba.

El día en que permitas que Dios te haga libre de la cautividad en que vives, vas a ver como los sueños empiezan a revivir en ti, y cosas que no sabías que estaban ocultas en lo profundo de tu corazón comienzan a despertarse. Probablemente digas "yo soy cristiana o cristiano de toda mi vida, yo no vivo en cautividad" pero si sigues siendo la misma persona desde hace 10 años, si estás exactamente en el mismo lugar donde comenzaste, si no ha pasado nada contigo desde hace ya muchísimo tiempo, debes saber que vives en cautividad, eres prisionero de ideas, prejuicios y temores que te frenan y te estancan. Nadie, absolutamente nadie que sueña vive estancado, porque los sueños te llevan siempre a cosas nuevas, a cosas mayores.

Es una decisión, es tu decisión. Yo ahora sueño, y sueño en grande... muy GRANDE!!! Y mi  boca se ha llenado de risa, y mi lengua de alabanza, y sé que a causa de esto muchos dirán: "grandes cosas ha hecho el Señor".

viernes, 11 de marzo de 2016

El gozo de Su presencia

"Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre." Salmos 16:11

¡Que cansado es cuando andamos buscando algo específico que necesitamos y no lo conseguimos en ningún sitio! Yo me he pasado el día entero de tienda en tienda... no, perdón, MI MAMÁ me ha hecho pasar el día entero de tienda en tienda buscando un par de zapatos específicos que necesita pero no consigue. -Que son muy altos, -Que me quedan muy flojos. -No me gusta como se ven en mis pies... Para comprar algo con mi mamá se requieren no menos de 4 horas y entrenamiento previo.

Buscar algo en el lugar equivocado no provoca más que frustración, decepción, enojo y resignación. Llega el momento en el que, o nos conformamos con lo que hay disponible, o nos rendimos ante el fracaso y la necesidad no satisfecha, retirándonos vencidos y cansados.  Y esto se da en cada ámbito de nuestras vidas: una relación insulsa, un trabajo mediocre, un sueño enterrado.

Sin embargo, la última vez que fui a comprar zapatos con mi mamá pasó algo interesante.  No me libré de las 4 horas de búsqueda, dolor de piernas y espalda, pero como último recurso recordé una tienda que visité una vez y que tenía un estilo muy parecido al que ella usualmente busca. El viaje fue mas largo pero más grande fue la satisfacción de encontrar lo que andábamos buscando. Cuando salimos mi mamá me dijo: "¡me trajo al lugar exacto!".

Por supuesto nosotros no andamos por la vida buscando zapatos (con sus serias excepciones).  La búsqueda eterna del ser humano es la Felicidad. Todos buscamos ser felices, queremos ser felices, y el error que cometemos es buscar esa felicidad en lugares donde no la hay. Confundimos la alegría momentánea que nos producen las influencias externas (trabajo, familia, bienes materiales) con la felicidad eterna, permanente y constante que solamente Dios nos puede dar.

¿Y cuál es la diferencia? Que la alegría es temporal y nos esclaviza a las circunstancias. Si mi esposo me trata bien estoy contenta, pero en el momento que tengamos problemas pues al carajo la alegría y me vuelvo triste y amargada. Mientras tenga un trabajo con un buen sueldo me siento plena, pero en el momento en que sube la gasolina me doy cuenta que el salario ya no me alcanza y hasta ahí me llegó la plenitud. Cuando nuestro gozo depende de lo que nos sucede, nos esclavizan el mundo y su sistema.

Ahora, la felicidad es diferente porque no es natural. El gozo es un estado espiritual que proviene única y exclusivamente de la presencia del Padre. El gozo se produce, se crea en Su presencia y cuando aprendemos a vivir en ella, cuando anhelamos permanecer allí y que su presencia, como lo pidió Moisés, vaya con nosotros en todo tiempo, es cuando logramos la plenitud de la felicidad.

Esto no significa que se acabaron los problemas y nunca más vamos a llorar ni a enojarnos.  Esto significa que en los momentos difíciles, en los momentos de prueba, de dolor, de angustia, el gozo que ya es un estilo de vida en nosotros por vivir en su presencia, se va a volver nuestra fuerza. Como lo dijo Nehemías, nuestra fortaleza la obtenemos del gozo de nuestro Señor, y ese gozo es nuestro cuando habitamos delante de Su presencia.

¿Y sabes qué es lo más bello de todo? Que por medio de la sangre de nuestro precioso Jesús, tenemos libre acceso a esa presencia. Que el velo fue rasgado por Su sacrificio y ahora podemos venir confiadamente delante de la presencia de nuestro Señor. Ese gozo está al alcance de una oración y solamente necesitamos fe.

Como lo hablaba mi pastor esta semana, deja ya de quemar incienso y atrévete a dar el paso. Pídele al Espíritu Santo que te tome de la mano y te lleve ante la presencia de nuestro Señor, que en ella hallarás delicias para siempre.

miércoles, 21 de octubre de 2015

En Espíritu y en Verdad

"Dios es espíritu, y los que lo adoran, para que lo adoren como se debe, tienen que ser guiados por el Espíritu. Se acerca el tiempo en que los que adoran a Dios el Padre lo harán como se debe, guiados por el Espíritu, porque así es como el Padre quiere ser adorado. ¡Y ese tiempo ya ha llegado!" Juan 4:23

He estado aprendiendo mucho en los procesos por los que Dios me ha ido llevando. He aprendido cosas de mi carácter que no me gustan, y he recordado sueños empolvados que quiero renovar. Dios me ha mostrado lo débil que soy para hacerme humilde y dependiente de Él. He caminado por momentos de desesperación y desánimo y me he dado cuenta que eso ha sucedido cuando he permitido que mi mano se suelte de la suya. Pero, ¡cuán glorioso es recuperar las fuerzas en su regazo!  Eso y muchas cosas más he aprendido a Sus pies. Pero de las cosas que más llenan mi vida y más amo aprender es sobre la adoración.  Siempre pensé que el ser una danzora me convertía automáticamente en una adoradora. -¿Dónde está el grupo de "adoración"? -Arriba, afinando sus instrumentos. Y, ¡qué bellas se ven las danzoras "adorando" con moños y zapatillas nuevas! Y los mantos, y el ballet, y el saxofón, y la pintura... ¡Wow, cuánta adoración acumulada en un solo lugar! No. ¡Cuánto error acumulado en una sola persona!

Al hablar de adoración casi siempre pensamos automáticamente en una expresión corporal: levantar manos, postrarnos, cantar, tocar un instrumento, saltar, gritar, llorar. Cualquier cosa que se vea sublime, es adoración. Pero la adoración no es algo que pueda hacerse con el cuerpo. No es lo mismo entretener con talento que adorar. La adoración es algo que viene del espíritu pues debe ser guiado por el Espíritu. Si al hacer cualquier actividad en tu vida no lo haces en el espíritu, no es adoración. Así de simple. Entonces, ¿esto a qué nos lleva? La palabra dice que TODO lo que hagamos, sea de HECHO o de PALABRA lo hagamos para la gloria de Dios. Esto implica que tanto mi trabajo, mi oficio, mis pensamientos, mis conversaciones, pueden estar o no estar siendo guiadas por el Espíritu por lo tanto pueden llevar o no llevar adoración.

Yo puedo cantar y adorar, o puedo cantar y hacer creer que adoro. Yo puedo tocar un instrumento sin adorar. Yo puedo mover una cinta y hasta poner un manto sobre una persona y declarar bendición sobre ella y no adorar. Porque no hay una receta, una combinación de acciones corporales que juntas se conviertan en adoración. Si la palabra me muestra que debo adorar en verdad, es porque también puedo adorar en falsedad y en lugar de adorar a Dios estoy montando un show vacío. Solamente el Espíritu me puede dar discernimiento sobre si mi acción o la acción de alguien es un acto de adoración o no. Seamos entendidos y no llamemos salmista o adorador a cualquiera que suena bien o se mueve bien. Tampoco nos creamos salmistas o adoradores porque causamos emociones en la gente cuando cantamos o danzamos. Vaya vea Romeo y Julieta a ver si no sale hecho un mar de mocos. Eso no es adoración, eso es espectáculo, show, entretenimiento. Y como dice mi pastor: "Mi Jesús es lo suficientemente atractivo". Él no necesita de espectáculos para ganarse unos cuántos admiradores. Tampoco creamos que la unción nos convierte en adoradores. Dios no anda buscando ungidos, anda buscando personas que permiten que el Espíritu los guíe en su camino para agradar su voluntad.

Entonces, ¿qué hago yo que pueda ser considerado adoración? Cualquier cosa que haga guiada por el Espíritu. Puedo cocinar en adoración, puedo trabajar en adoración, puedo efectivamente cantar en adoración y hasta enseñar a los niños en adoración. Predicar el evangelio es un acto que conlleva en sí mismo la adoración (fruto de labios que confiesan Su nombre). Y eso se percibe mis amigos, la adoración del Espíritu se percibe en la atmósfera. No es una emoción, es un estilo de vida. Como danzor (y hablo específicamente a danzores porque para ellos es que fue pensado este blog) puedo escoger si traigo delante de Su presencia un espectáculo o una ofrenda de alabanzas. Cuando danzamos en el Espíritu, se siente como si se creara un vacío entre el entorno y nosotros, donde quedamos atrapados en un espacio tan íntimo y secreto que aun en medio de la multitud, podemos estar a solas con Él. ¿Cuántos lo han sentido? ¿Cuántos se han desconectado de la técnica y las rutinas y se han dejado llevar por el Espíritu hacia una intimidad sin precedentes? Cada quien sabe en su espíritu si lo que hace le lleva gloria a Dios o no, pues cada quien conoce las motivaciones de su corazón. Yo no puedo saber si el director de alabanza de hoy está cantando en la carne a menos que el Espíritu me lo revele, pero puedo saber si estoy siendo guiada por el Espíritu cuando monto un especial solamente para lucir un instrumento nuevo que compré. Si cada idea que me ha movido a hacer algo para "Dios" no ha sido guiada por el Espíritu y ha sido más una necesidad de mostrar algo que puedo hacer o que puedo lograr, necesito reconocer urgentemente y con humildad que soy débil y que necesito del Espíritu en cada área de mi vida.

Adorar, a Sus pies, es la más alta posición que el ser humano pueda adquirir, y es una de las más bellas experiencias que podamos vivir en Su presencia. No perdamos el tiempo satisfaciendo nuestros deseos, aparentando lo que no somos, perfeccionando nuestro ego o agradando a los demás. Dios es espíritu, por lo tanto una adoración guiada por el Espíritu es la que Él anda buscando. ¡Y el tiempo de tales adoradores ha llegado ya!

lunes, 3 de agosto de 2015

No desmayes

"Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes." Salmo 27:13

Algo que no soporto es que le prometan a un niño algo que no le van a cumplir. Si ya de adulto duele ser traicionado, ahora piensen lo defraudado y utilizado que se siente un niño cuando le dicen "venga y le doy un confite" pero el dulce nunca aparece. Yo no permito que le prometan cosas a mi hijo si son mentira. Si alguien trata de ganárselo o de conseguir algo con él a punta de campaña política, les advierto que lo que le prometan se lo cumplen o van a tener problemas conmigo. Y es que como madre no soporto pensar en su corazoncito desilusionado esperando algo que nunca va a llegar.

Ahora, Jesús nos dijo en Mateo que si nosotros siendo malos sabemos dar buenas cosas a nuestros hijos, ¿cuánto más nuestro Padre no nos dará todas las cosas buenas a los que le piden?  Si nosotros que aun luchamos por entender lo que es el amor nos sabemos entregar con tanta dedicación a nuestros hijos, ¿cuánto más nuestro Padre que no tiene amor... sino que ES el amor?  Quiero ser muy clara en esto porque a nosotros los seres humanos se nos tiende a olvidar: ¡Dios nos ama!  Nuestro Padre celestial nos amó tanto que no dudó por un instante en entregar a su propio Hijo por salvar nuestras vidas.  Mi precioso Jesús nos amó tanto que no escatimó su propia vida por rescatarnos del destino que merecíamos.

¿A dónde quiero llegar con esto?  Muchas veces creemos que Dios se olvidó de las cosas que nos ha prometido.  Luchamos, oramos en fe, y esperamos el cumplimiento de una promesa que pareciera que está muerta. Pareciera que nunca se va a cumplir.  Hubo un momento de euforia en el que recibiste una palabra sobre un ministerio. Dios te habló y fue muy claro en cuanto a lo que tenía para tí.  Te hizo sentir especial, te hizo sentir esperanza, te hizo levantarte con todas tus fuerzas a creer por encima de lo que vieras o sintieras.  Comenzaron las pruebas, las luchas, y tú te mantuviste firme creyendo que todo eso era satanás tratando de desanimarte y esto sólo te confirmaba que ibas por el buen camino.  Pero pasado un tiempo las luchas se acabaron, no hubo más oposición, las aguas se calmaron y todo volvió a la normalidad... tan normal que era obvio que algo pasaba (o más bien, no pasaba nada en absoluto).

Empezaste a creer que tal vez fuiste tú mismo hablándote en tu interior, auto-profetizándote ministerios y llamados que en realidad no tenías. Probablemente se abrió una puerta de oportunidad para algo diferente y pensaste: "tal vez debería olvidarlo todo y aprovechar lo que tengo ahora al frente. Al fin y al cabo no parece que nada vaya a pasar".  Te desanimaste, te desenfocaste, seguiste caminando sin fe ni esperanza creyendo que si algo iba a pasar pues iba a pasar, y si no pues tampoco es como si lo siguieras esperando como al principio.

Sé que hay muchas personas así en todas partes.  Sé que es difícil entender que nuestros tiempos no son Sus tiempos.  Y es a esas personas a las que les escribo hoy.  Si tú te estás sintiendo así ahora, si llevas varios meses pensando que Dios se olvidó de tí, o que tal vez todo fue solamente una fantasía de tu imaginación y que has perdido el tiempo, quiero que me prestes atención: Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta.  Mi pastor me enseñó esta semana que si el desánimo ha llegado a tu vida es porque has dejado de orar.  La oración es la que te mantiene conectado con el Padre y si no estás escuchándolo a Él, estás escuchando al diablo, al mundo, o peor, a tí mismo.

Dios te hizo una promesa, y si nosotros siendo malos, damos cosas buenas a nuestros hijos, ¿cuánto más nuestro Padre?  Dios no se ha olvidado de ti.  Si lo que estás pasando o viviendo hoy no se parece a lo que Dios te prometió, entonces significa que es temporal, por lo tanto debes seguir adelante.  Su silencio no es olvido, Él solamente está trabajando cosas en tí que aun no conocías.  Él solamente está preparando tu banquete.  ¡Esfuérzate y sé valiente!  No te alejes de la oración que eso sólo traerá desánimo a tu vida.  Vas a ver como pronto verás el fruto de la aflicción de tu alma.

Yo sé que te sientes abandonado, lo sé porque ese sentimiento me ha perseguido en muchas ocasiones.  Pero te puedo asegurar algo. Solamente de volver tu mirada al Padre y toda duda desaparecerá.  Solamente cierra tus ojos y trasládate al momento en el que recibiste esa promesa... ¿Puedes verlo? No eres tú inventándote cosas, es Él con un regalo hermoso: mi Jesús te dio su palabra y a su tiempo verás la gloria de Dios.

Si yo no creyera que veré Su gloria, ya hubiera desmayado hace mucho mucho tiempo.  Pero de algo estoy segura: en Sus manos están mis tiempos. Y cuando ese momento llegue... ¡Dios, tu nombre será glorificado!

viernes, 26 de junio de 2015

Hazlo por amor

"Le contestó Jesús:—El que me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra vivienda en él."  Juan 14:23
Tengo un hermoso niño de tres años que todos los días reta profundamente mi paciencia y me hace cuestionar si tan siquiera tengo la capacidad de ser mamá. Él me obliga a dar lo mejor de mí y a crecer emocional y espiritualmente.... o crezco junto con él o me quedo botada. Y me impresiona la forma en la cual Dios utiliza su desarrollo para enseñarme sobre su amor y sus propósitos. Son incontables las veces en las que me veo discutiendo con él tratando de que haga algo que yo sé que necesita hacer pero él simplemente no lo ve, no lo entiende o no quiere hacerlo. Muchas de esas veces no me queda otra opción que dejarlo seguir sus propios caminos para que comprenda las consecuencias de la desobediencia y se de cuenta que mamita sabe por qué hace las cosas (creo que ya vas agarrándole el hilo a esto, ¿no?).

Estoy segura que Dios te ha hecho el mismo llamado una y otra vez y has tratado de evadirlo, de entenderlo o de acomodarlo a tu conveniencia. ¡Lo sé!, yo lo he hecho muchísimas veces. Cuando los sueños de Dios no calzan con las piezas de nuestro rompecabezas, intentamos recortarlos o reemplazarlos por algunos que, según nuestra propia prudencia, se adaptan mejor y más rápido. Lo que sucede es que no podemos ver más allá de nuestros ojos naturales, de nuestra pequeña y humana mente limitada. Y decimos "pero Dios, ¿por qué no puedo meter los dedos en el enchufe? ¡Se ve muy divertido!"

Pues resulta que la obediencia no es una cuestión de entendimiento, no es una cuestión de razonar, conversar, llegar a un acuerdo y luego obedecer. La obediencia es una cuestión de amor. Es simple: si amo, hago. El amor es el que debe movernos a decir "heme aquí, envíame a mí" porque al igual que los valientes de David, ¡estamos dispuestos a hacer cualquier cosa para llevarle a nuestro Señor el agua que tanto anhela! El amor hacia Jesús es el motor que nos impulsa a accionar, a hablar, a dar, a servir.

Piensa en tu ministerio por un instante.  Piensa en todas las puertas que se te han abierto y has pasado de lado. Piensa en todas las oportunidades en las que el Señor te ha dicho "sírveme, habla, abraza, perdona, humíllate, inclínate, entrega... predica..." y has seguido con tu vida como si nada hubiera pasado. ¿De qué sirve entonces lo que haces? Si me dices: "yo obedezco en algunas cosas, pero otras me cuestan mucho". Ok, entonces las cosas que obedeces, ¿porqué las haces? ¿Porque son más fáciles? ¿Porque te gustan? Es muy sencillo obedecer ante algo que nos agrada. Pero ¿qué tan obediente crees que eres cuando tu nivel de compromiso es directamente proporcional a tu nivel de satisfacción? "Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz cada día y me siga."

Es el amor mi querido lector lo que debe movernos a dejar todo lo que pensamos que es real y correcto, tomar nuestra cruz y seguirlo a donde Él vaya.  Si le sirves en un ministerio, pon ese talento en sus manos y deja que Él lo use para su voluntad. No encierres tus habilidades en tus propios conceptos de servicio. El que sirve de verdad y de corazón no limita a Dios. "Heme aquí, he aquí mi talento, he aquí mi instrumento, he aquí mis recursos, he aquí mi tiempo..." Tal vez el plan de Dios no fue nunca que tocaras en un púlpito, sino que lo hicieras en un bus o en la calle. Tal vez mientras otros hacen conciertos y miles son bendecidos a través de su música, Dios te tiene tocando guitarra en un albergue para adultos mayores.  No se trata de lo que podemos darle a Dios con lo que tenemos, se trata de darle a Él lo que tenemos para que veamos lo que Él puede hacer con eso.

Mi intención es que puedas experimentar la plenitud de la voluntad de Dios, que entiendas que no hay nada mejor en este mundo que agradar a nuestro Padre y que no hay mejor forma de amar a nuestro Salvador que viviendo para Él. ¡Ama, perdona, y predica!

lunes, 8 de junio de 2015

El lugar correcto

"Cuando terminaron de orar, tembló el lugar donde estaban reunidos, y todos ellos quedaron llenos del Espíritu Santo. A partir de ese momento, todos hablaban sin temor acerca de Jesús." Hechos 4:31
Todas las personas que por la gracia de Dios hemos conocido a Jesús, sentimos el enorme deseo de servirle y entregar nuestras vidas a Él. Pienso que gran parte es destino y propósito pero tambien un profundo agradecimiento por ese inmenso amor mostrado día a día. Si tú mi querido lector no tienes ese deseo en tu corazón, con muchísimo amor te digo que probablemente no has conocido al verdadero Jesús.

En diferentes ocasiones he escuchado personas decir que sirven en "x" o "y" departamento o ministerio solamente por servir en algo. "Dios conoce mi corazón, y quiero servir en lo que sea con tal de servirle". Eso, aunque de muy buena motivación, es un engaño muy grande que limita nuestras posibilidades, estanca nuestros talentos y atrasa el destino que Dios tiene para nuestras vidas. Nuestro Dios es un Dios de orden, de propósito y de sueños. Papá no va a haberte creado para que andes dando tumbos al azar en diferentes "llamados" o para que pases toda tu vida estancado en un ministerio que no es el tuyo. ¡Tú eres mucho más valioso que eso!

Estudiando el libro de los Hechos, me he dado cuenta de que el Espíritu Santo siempre descendió con un propósito específico. Ya fuera para testimonio como en Pentecostés o para dar fortaleza a los que eran perseguidos a causa del Evangelio, el Espíritu Santo siempre se movió con el fin de cumplir un objetivo.  Nunca la unción de Dios descendió sobre alguien sin un motivo, porque Dios es así. Dios no hace las cosas al azar ni de forma desordenada. Él tiene planes para tí, y planes de bien dice en Jeremías.

Yo le he servido desde que tenía 6 años, primero por instrucción y luego por convicción. He servido en diferentes areas, pero nunca en ninguna con tanta certeza como en la danza. Cuando recibí el llamado de la danza me di cuenta que todas las otras cosas que había hecho anteriormente no eran para mí. Descubrí que para eso había sido creada y que moriría danzando para Él. No solamente como un hobbie o como una actividad agradable; Él despertó en mí un talento oculto y abrió mis ojos para mostrarme todas las maravillas que podía hacer a través de mí. Ese es el deseo de Su corazón.

Si estás en algun área, departamento o ministerio solamente por estar, solamente por servir, solamente por apoyar, detente un momento y ponte a pensar lo útil que serías en las manos de Dios si estuvieras en el lugar correcto! Piensa que mientras estás esforzándote en dar la talla en un lugar incorrecto, hay un espacio vacío en el lugar que Dios preparó para tí, donde podrías ser excelente porque ese es tu lugar! Puedes tener la seguridad que mi Dios te va a respaldar, que Su presencia irá contigo a donde vayas y que el Espíritu Santo va a ser tu guía en cada proyecto que emprendas, porque estarás en la perfecta voluntad de Dios. No se trata de pedir al Señor que nos ayude a hacer mejores coreografías, ni a vernos más coordinados. Se trata de estar en el lugar correcto, alineado con Su visión para que nuestra oración siempre sea "ayúdanos a reflejar a Jesús".

Dios te dio dones, te dio talentos, habilidades, capacidades específicas que si descubrieras cuáles son y cómo desarrollarlas, estarías viviendo en la plenitud de tu propósito! Servir a Dios no es pertenecer a un coro por 15 años porque sabes muy dentro de tí que no cantas muy bien y que atrás sin micrófono nadie te va a escuchar. No se trata de pertenecer a un grupo de danza y pasar meses aprendiéndote la misma rutina porque sabes que tienes dos pies izquierdos. No se trata de sufrir en agonía cada vez que te toca predicar porque no tienes el don de gente o eres muy tímido pero es lo único que se te ocurrió para servirle a Dios. Como diría el apóstol Nahum Rosario: "servir a Jesús es celebración, no es rito ni doctrina ni tampoco religión". Cuando le sirves a Jesús en el lugar correcto, no significa que ya no tienes que esforzarte ni capacitarte, significa que ahora todo lo que hagas dará fruto porque estás plantado donde perteneces. Imagina la frustración de un manzano plantado en el desierto... o un cactus tratando de crecer en el Amazonas! Ambos ciertamente morirán, porque por más que se esfuercen y por más que intenten convencerse a sí mismos que pueden lograrlo, ninguno está en el lugar correcto.

Con mucho amor te insto a que seas sincero con el Señor. Busca en oración la dirección del Padre a través del Espíritu Santo. Pon tus sueños y tus deseos en sus manos para que estos sean alineados con Sus sueños y Sus deseos. Pídele a Jesús que te muestre para qué fuiste creado y entonces vas a poder disfrutar de cada segundo a Su servicio.

lunes, 25 de mayo de 2015

Con arena en los ojos

"Cuando llegaron al lugar señalado por Dios, Abraham construyó un altar, y sobre él preparó la leña para el fuego; luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar." Génesis 22:9
El pastor Dante Gebel escribió un libro hermoso llamado "Las Arenas del Alma".  En él narra la historia de Abraham cuando iba camino a sacrificar a su hijo Isaac, pero desde una perspectiva un poco más humana. Muy acertadamente nos muestra el desierto emocional que debió haber vivido el padre de la fe durante los tres días que viajó rumbo a entregar a su hijo en un altar. Lo más interesante de todo fue como este predicador argentino pinta el cuadro de padre e hijo adorando en el montículo de piedra antes de ofrecer el sacrificio. Por supuesto que la biblia no dice explícitamente que eso haya sucedido, pero bien es sabido que los altares representaron siempre un lugar de adoración.

Si bien es cierto que los que amamos y seguimos a Jesús sabemos que la adoración es una de las armas más poderosas que existen en el mundo espiritual, también es cierto que poner esto en práctica en momentos de dolor y sufrimiento es de las tareas más duras y difíciles que hay. No es fácil alzar las manos al cielo con los ojos llenos de arena.... O al menos eso fue lo que siempre pensé.

Mi error fue que equivocadamente tenía la idea de que adorar en tiempos de prueba implicaba dejar de lado el dolor, la preocupación, la enfermedad, y sonreir delante del Padre como si nada estuviera pasando, y que de esa forma Él vería lo grande que era mi fe y cómo mi confianza estaba puesta completamente en Él, cuando más bien estaba demostrando totalmente lo contrario. Y es que para nosotros es tan tentador querer agradar a Dios con nuestras obras, intentando que nos ame más cuando vea nuestros sacrificios. Pero olvidamos muy fácilmente que es por Su gracia.

¿Qué sucede? Que nuestro Padre conoce cada una de las circunstancias que vivimos, sabe exactamente cómo nos sentimos y cuánto nos duele y no necesita que le pongamos una máscara a nuestras emociones para saber que confiamos en Él. ¿Sabes qué es lo más maravilloso de su amor? ¡Que Él nos amó primero! Lo cual implica que no tuvimos que maquillarnos, aplancharnos el pelo ni comprarnos un vestido carísimo para agradarlo y que así nos amara más. Él nos amó tal y como nosotros eramos. ¿Esto qué quiere decir? Que cuando venimos delante de su presencia no necesitamos hacer todas esas cosas, ni antes, ni ahora, ni nunca... No necesitamos decirle "Papá, aquí estoy pretendiendo que todo está bien, con gozo falso en mi corazón y con una sonrisa fingida, para demostrarte que tengo fe". Esto no muestra fe en absoluto, esto expone nuestra necesidad de obtener con obras lo que ya Él nos dio por gracia: Su amor!

Hace unos meses atrás estuve viviendo una situación personal muy difícil. Me encontraba en profundo dolor y sufrimiento. Precisamente ese día fue el inicio del curso de Formación para ministros de Danza y Artes impartido por el equipo de CreArtes. Pueden imaginar el nudo que llevaba en mi corazón cuando iba en el carro con miles de cosas en mi mente. Al llegar solo le dije a Jesús: "te necesito más que nunca", y el día transcurrió normalmente. Sin embargo, a media clase tuvimos un momento de adoración precioso, y con muchísimo dolor en mi corazón levanté mis manos, con los ojos llenos de lágrimas pero sabiendo que Él me escuchaba... Y de lo más profundo de mi ser, adoré.

Ese día recibí la visitación del Espíritu Santo más poderosa que he vivido jamás. Las promesas que me dio ese día, la forma como cambió mi llanto en gozo... literalmente no podía dejar de reír. No tuve que pretender nada, no tuve que fingir nada, solamente me deshice en alabanzas mientras sufría en mi corazón. Y ahí fue cuando descubrí esta gran verdad: NO DEPENDE DE MÍ... No hay nada que yo pueda hacer para cambiar mi tristeza en alegría, no hay nada que yo pueda hacer para enjugar mis lágrimas. Es mi Jesús quien cambia mi lamento en danza (Salmos 30:11) y quien seca mi llanto (Apocalipsis 21:4). Comprendí entonces que adorar en medio de la prueba es decir "Me duele, estoy sufriendo, pero sigo amándote más que a nada en el mundo".

No querramos venirle a Dios con falsas humildades, con corazones aparentemente quebrantados... Eso no lo impresiona. Es más dificil pretender que todo está bien! Si venir a acurrucarnos en los brazos de nuestro Padre es un millón de veces más facil, y ¡wow, un millón de veces más hermoso!

Yo te invito a que seas real delante de tu Padre, a que te despojes de los vestidos caros, que abras tu corazón sin mucha palabrería religiosa y versículos aprendidos de memoria pero que no están sellados con fuego dentro de tu ser. Ven delante de un Padre amoroso y amalo aunque te estés desmoronando. Que en ese momento es cuando te darás cuenta que siempre ha estado en control, y que sus brazos fuertes te levantan por encima de cualquier circunstancia. Te reto a ser el "niño chineado de Papá" y vas a ver que una vez que lo pruebas... no vas a querer dejarlo.