"Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes." Salmo 27:13
Algo que no soporto es que le prometan a un niño algo que no le van a cumplir. Si ya de adulto duele ser traicionado, ahora piensen lo defraudado y utilizado que se siente un niño cuando le dicen "venga y le doy un confite" pero el dulce nunca aparece. Yo no permito que le prometan cosas a mi hijo si son mentira. Si alguien trata de ganárselo o de conseguir algo con él a punta de campaña política, les advierto que lo que le prometan se lo cumplen o van a tener problemas conmigo. Y es que como madre no soporto pensar en su corazoncito desilusionado esperando algo que nunca va a llegar.
Ahora, Jesús nos dijo en Mateo que si nosotros siendo malos sabemos dar buenas cosas a nuestros hijos, ¿cuánto más nuestro Padre no nos dará todas las cosas buenas a los que le piden? Si nosotros que aun luchamos por entender lo que es el amor nos sabemos entregar con tanta dedicación a nuestros hijos, ¿cuánto más nuestro Padre que no tiene amor... sino que ES el amor? Quiero ser muy clara en esto porque a nosotros los seres humanos se nos tiende a olvidar: ¡Dios nos ama! Nuestro Padre celestial nos amó tanto que no dudó por un instante en entregar a su propio Hijo por salvar nuestras vidas. Mi precioso Jesús nos amó tanto que no escatimó su propia vida por rescatarnos del destino que merecíamos.
¿A dónde quiero llegar con esto? Muchas veces creemos que Dios se olvidó de las cosas que nos ha prometido. Luchamos, oramos en fe, y esperamos el cumplimiento de una promesa que pareciera que está muerta. Pareciera que nunca se va a cumplir. Hubo un momento de euforia en el que recibiste una palabra sobre un ministerio. Dios te habló y fue muy claro en cuanto a lo que tenía para tí. Te hizo sentir especial, te hizo sentir esperanza, te hizo levantarte con todas tus fuerzas a creer por encima de lo que vieras o sintieras. Comenzaron las pruebas, las luchas, y tú te mantuviste firme creyendo que todo eso era satanás tratando de desanimarte y esto sólo te confirmaba que ibas por el buen camino. Pero pasado un tiempo las luchas se acabaron, no hubo más oposición, las aguas se calmaron y todo volvió a la normalidad... tan normal que era obvio que algo pasaba (o más bien, no pasaba nada en absoluto).
Empezaste a creer que tal vez fuiste tú mismo hablándote en tu interior, auto-profetizándote ministerios y llamados que en realidad no tenías. Probablemente se abrió una puerta de oportunidad para algo diferente y pensaste: "tal vez debería olvidarlo todo y aprovechar lo que tengo ahora al frente. Al fin y al cabo no parece que nada vaya a pasar". Te desanimaste, te desenfocaste, seguiste caminando sin fe ni esperanza creyendo que si algo iba a pasar pues iba a pasar, y si no pues tampoco es como si lo siguieras esperando como al principio.
Sé que hay muchas personas así en todas partes. Sé que es difícil entender que nuestros tiempos no son Sus tiempos. Y es a esas personas a las que les escribo hoy. Si tú te estás sintiendo así ahora, si llevas varios meses pensando que Dios se olvidó de tí, o que tal vez todo fue solamente una fantasía de tu imaginación y que has perdido el tiempo, quiero que me prestes atención: Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Mi pastor me enseñó esta semana que si el desánimo ha llegado a tu vida es porque has dejado de orar. La oración es la que te mantiene conectado con el Padre y si no estás escuchándolo a Él, estás escuchando al diablo, al mundo, o peor, a tí mismo.
Dios te hizo una promesa, y si nosotros siendo malos, damos cosas buenas a nuestros hijos, ¿cuánto más nuestro Padre? Dios no se ha olvidado de ti. Si lo que estás pasando o viviendo hoy no se parece a lo que Dios te prometió, entonces significa que es temporal, por lo tanto debes seguir adelante. Su silencio no es olvido, Él solamente está trabajando cosas en tí que aun no conocías. Él solamente está preparando tu banquete. ¡Esfuérzate y sé valiente! No te alejes de la oración que eso sólo traerá desánimo a tu vida. Vas a ver como pronto verás el fruto de la aflicción de tu alma.
Yo sé que te sientes abandonado, lo sé porque ese sentimiento me ha perseguido en muchas ocasiones. Pero te puedo asegurar algo. Solamente de volver tu mirada al Padre y toda duda desaparecerá. Solamente cierra tus ojos y trasládate al momento en el que recibiste esa promesa... ¿Puedes verlo? No eres tú inventándote cosas, es Él con un regalo hermoso: mi Jesús te dio su palabra y a su tiempo verás la gloria de Dios.
Si yo no creyera que veré Su gloria, ya hubiera desmayado hace mucho mucho tiempo. Pero de algo estoy segura: en Sus manos están mis tiempos. Y cuando ese momento llegue... ¡Dios, tu nombre será glorificado!
No hay comentarios:
Publicar un comentario